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José Alirio Rodríguez dejó las carpas para jugar tejo. Anécdotas de un campeón que fue adoptado por Antioquia
Fotos Sébastien Herbiet

Por José Fernando Serna Osorio
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Primer acto: La función
Luces y entra la fanfarria. ¡Ay, si los ojos de Alirio pudieran contar todas las vivencias que han visto! Solo parte de su trabajo bajo la carpa de un circo o frente a las cámaras de televisión con Pernito, Tuerquita, Bebé, Juanito o Tribilín, afamados payasos de los 70 y 80 en Colombia, serían un puñado de momentos disueltos por la historia siguiente.

Esos mismos ojos claros miran hoy al horizonte en Envigado, mientras el sol incomoda con un destello que se asienta sobre la frente de José Alirio Rodríguez, un nómada de la vida nacido hace 61 años en Arbeláez, Cundinamarca, un pueblo de 12 mil habitantes, en la provincia de Sumapaz. De allí salió a los 11 años, enrolado entre el espectáculo circense que se brindaba bajo una inmensa carpa y en la que los trapesistas eran los ídolos del momento.

Atrás quedó su familia. La vida arrancó a mostrarle inmensos caminos y oportunidades, también dificultades. Empezó vendiendo dulces, luego aprendió malabares, el trapecio, la cuerda floja y finalmente fue payaso en una época en la que el oficio era reconocido con reverencia por el público.



Esos recuerdos van saltando de una década a otra. Fueron los 60, pero después llegó la oportunidad de la televisión y bajo la personalidad de Cartucho grabó 22 programas de Animalandia junto a Álvaro Ruiz, también lo hizo en Sábados Felices y la Teletón, el programa solidario que dirigiera Carlos Pinzón. Y no se queda ahí, hasta tapó huecos con Jorge Barón en otra producción de TV. Los recuerdos siguen…
Fueron años de mucho movimiento en la vida de José Alirio, su vida familiar se fue estructurando bajo las luces, las carpas y las migraciones. El Circo Victoria #1 y #2 fueron su hogar por años y allí dio vida a cuatro hijos y se casó. Inclusive en 1979 llegó a tener circo propio y entre correría y correría fue adoptado a Antioquia como su patria chica.

Segundo acto: El tejo
Alirio se pasa la mano por la frente, como masajeando su memoria, exorcizando recuerdos para que fluyan las historias. Y se desencadena: “Tenía cinco años y mi abuelo Joaquín Rodríguez me llevaba a las fincas en las que encargaban remodelaciones o trabajos grandes. Lo primero que hacía él era hacer las cancha de tejo para que jugaran los trabajadores. Fue mi primer acercamiento a ese deporte”, apunta.

Entre las labores y la emoción por jugarse hasta la carne del almuerzo, Alirio rememora sus primeros lanzamientos de ese macizo hierro pesado por los aires. Era un niño que a duras penas podía con ese disco, pero él iba entrenando mientras ayudaba a organizar las canchas, el bocín (círculo metálico que hay en su interior) y la arcilla, removida por el impacto del duro elemento.

Siendo un niño disputó su primera competencia en compañía de los tíos en Sibaté. “¿Y el chino que tal juega?”, cuenta con gracia Alirio de aquella vez en la que todos se sorprendieron porque los hermanos Rodríguez llevaban a un menor en su equipo. Fue el despunte de un talentoso practicante del tejo, reconocido como el deporte nacional de Colombia.

Las manos largas, delgadas y de tez canela de Alirio reflejan largos años de trajín. El barro, el tiempo y el circo han ayudado a su deterioro, pero no le han quitado precisión. Esa misma que retomó desde el día que fue invitado por un equipo de Guarne, mientras estaba con el circo en ese pueblo del Oriente de Antioquia, y Rionegro, que los tenía de hijo, cayó apabullado gracias a los buenos oficios de Alirio.


De ahí en adelante el tejo o turmequé lo acaparó, vino una invitación tras otra y así fue descuidando el circo, tanto que finalmente sus hijos y esposa se terminaron quedando con el entable y él se quedó en Itagüí jugando este tradicional deporte del altiplano cundiboyacense. No antes sin haber dormido un par de días en una cancha porque no tenía donde quedarse. Otra aventura más.

Empezó a entrenar la selección de Itagüí, gracias a Neftalí Ramírez, el director de deportes. Y también participaba en torneos interclubes que ganaba con solvencia, otros eran los senior master y hasta llegó a ser medallista de Plata (1996) en Juegos Nacionales, pero la de Oro llegó en 2004. En 2005 fue designado técnico de la Liga Antioqueña de Tejo, cargo que ocupa actualmente.

Todos esos momentos los fotografió, por eso a la hora de hablar tiene fechas claras y personajes en un deporte, que aunque en Colombia se practica en su mayoría por ocio, ha dado campeones en torneos internacionales.
“Yo siempre he dicho que todos los deportes se practican de manera recreativa o competitiva. El recreativo juega su chico por la cerveza o el dinero, yo lo he jugado siempre competitivo, sin apostar”, comenta con seriedad Alirio.
 
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