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El colegio de la calle 9 ha sido cantera del porrismo en Antioquia y en Colombia. Educación, disciplina y deporte, combinación perfecta y coordinada
Fotos Sébastien Herbiet

Por José Fernando Serna Osorio
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La alegría de Ana Sofía hizo que el grito sobresaliera en medio de la algarabía: “¡Tati, nos vamos para México!”. De inmediato sobrevinieron una sonrisa y muchos abrazos. Un éxtasis en el que las ganadoras no se reducían a 14 niñas y sus padres, sino a un colegio y una ciudad. A una gran familia.

Ese grito brotó antecedido de una gran sonrisa. Y esa misma sonrisa es la que desde hace 5 años atrás Ana Sofía Cubillos Montoya tiene dibujada en su rostro y que alcanzó gracias a la práctica del porrismo. Reflejados en varias hojas de una gran libreta están plasmados algunos dibujos, que si bien no son autorretratos, si tienen un común denominador: la alegría y la familia.

Tiene 10 años y sus habilidades artísticas van más allá de la práctica deportiva y el dibujo. La guitarra y el canto también amenizan las tardes luego de su jornada académica en el colegio Palermo San José de El Poblado. Esta institución ha sido la base de lo que hasta hoy ha vivido la amante de los espaguetis y los sánduches.

Con toda la felicidad describe el 2 de octubre como uno de los días inolvidables de su vida. Y es que junto a otras 13 compañeras de equipo se ganaron el Golden Dance Cup, Campeonato Nacional de Porrismo realizado en el colegio Rochester en Bogotá. De allí vino el grito a su amiga Tatiana, otra de las que puso su esmero para la obtención de este logro.

Ángela María Montoya y Camilo Cubillos, sus padres, la han acompañado en el satisfactorio proceso formativo. Un camino que han recorrido de la mano con las directivas de la institución y que los han llevado a ganar muchos títulos dentro y fuera del país. Solo en 2015 obtuvieron cuatro: un municipal, un departamental y dos nacionales. Lo mismo que la participación en un torneo Estados Unidos, país potencia en esta disciplina.

“Hemos sido una gran familia. Cuando las niñas compiten son un equipo, pero a la vez, los padres de familia somos otros equipo desde afuera. Las acompañamos como padres y ‘barra’ (risas). No es un sacrificio es una diversión en un punto de encuentro a través de nuestros hijos”, cuenta Ángela, la madre de Ana Sofía.


Dedicación
Uniformadas, maquilladas y con la energía propia de su edad, un grupo de niñas que no sobrepasan los 10 años revolotean por el coliseo del colegio Palermo. Antes de que llegue el profesor Wilson Arcila, ellas van y vienen compartiendo risas y una que otra pose de la rutina que normalmente hacen en una presentación.

En la tribuna algunos padres aguardan a sus hijas mientras reflejan en el rostro la satisfacción por cada movimiento que realizan. Tras su incursión, el profesor Wilson llama al orden y en pocos segundos las 14 integrantes están listas para iniciar su espectáculo. Al ritmo de la música comienza el baile, una plancha (tomarse la punta de un pie con la mano sobrepasando la altura del hombro mientras se sostiene en la otra pierna) y un split (apertura de piernas). Los pompones se mueven cautivando la mirada, la coreografía y coordinación deleitan la vista de los espectadores que escuchan un grito al unísono para culminar la presentación.

One team, one family (un equipo, una familia) son la base y filosofía del equipo de porrismo de El Palermo. Esta es la muestra de que todos juegan un papel importante.

Este ejercicio lo realizan dos veces por semana en jornada extracurricular y cumpliendo con las exigencias que tienen los buenos resultados escolares y la disciplina. Un esfuerzo en el que se vinculan las niñas, la parte técnica y el colegio. Un equipo completo en el que todas las fuerzas suman.

Un proceso exitoso
Lo que inició con el nombre de revistas gimnásticas en Medellín fue sufriendo una transformación hacia el porrismo en los primeros años de la década del 2000. La única información que tenían sobre este deporte eran las presentaciones en los canales deportivos internacionales, así lo recuerda Wilson, profesor de porrismo de El Palermo.

Este hombre, que lleva 17 años vinculado a la institución fue uno de los precursores de la práctica en el centro educativo en el que recibió el reto de la instrucción, tras haber ejercido su trabajo como profesor de educación física. Aunque tenía poco conocimiento sobre el tema se sumergió en el estudio y tras esa preparación académica dio el salto.

En 2007 viajó con un equipo a Estados Unidos y lograron el cuarto puesto que atrajo a nuevas niñas para la práctica. De a poco El Palermo se fue abriendo campo como uno de los mejores en esta disciplina en el ámbito municipal y departamental. “Llegué por accidente a esto, pero de a poco hemos logrado abrir espacios importantes. Ya existen ligas y Federación en Colombia, es un esfuerzo que ha valido la pena”, asegura el Profe.

 
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