Rosana Arizmendi Mejía
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Una bolsa de plástico se utiliza, en promedio, solo 20 minutos, después de los cuales se queda contaminando el planeta entre unos 150 y 600 años más. Es decir, entre unos 78’840.000 y 315’360.000 minutos más. Como grande esta proporción, ¿cierto?

Por Rosana Arizmendi

Ayyy, las bolsas de plástico (leer como si se estuviera cantando una ranchera el 31. De diciembre). Esos elementos sin los que muchos de nosotros parecemos no poder vivir porque ¿dónde, si no, vamos a meter los chicles que compramos en la tienda de la esquina? ¿o los dos limones que compramos en el supermercado? ¿o el frasquito de Dolex de la farmacia? Hasta cosas que ya vienen empacadas (en plástico o en otros materiales), ¡las metemos (o nos las meten) en bolsas de plástico! (Ejemplos: yogures, quesos, salchichas, gaseosas, cereales, champús, e-t-c al infinito). Definitivamente, ¡qué arraigada está la bolsa de plástico en nuestra cultura! Más arraigada que la empanada después de misa de 12 o que el “muñeco’el 31”... ¡Y eso ya es mucho decir!

Sin embargo, apuesto a que si muchos de nosotros supiéramos todo lo malo que hace una bolsa de plástico, no la volveríamos a usar con tanta... frecuencia (o ligereza - perdón para los que no aplique). Por eso, les voy a dar algunas razones por las cuales soy (y por las que todos deberíamos ser, aunque sea un poquito) antibolsas de plástico (para que se preparen, les digo que esta es mi “cantaletica” diaria para mis papás, abuelita, primos y amigos).

Para empezar, una bolsa de plástico se utiliza, en promedio, solo 20 minutos, después de los cuales se queda contaminando el planeta entre unos 150 y 600 años más. Es decir, entre unos 78’840.000 y 315’360.000 minutos más. Como grande esta proporción, ¿cierto? Por otro lado, en el mundo se consumen anualmente entre 500.000 millones y 1 billón de bolsas de plástico -cifras exorbitantes, sobra decirlo- de las cuales, para acabar de ajustar, solamente se recicla un 5%, mientras que el resto, en su gran mayoría, acaba en los ríos y luego en los mares, que ya son una sopa con 150 millones de toneladas de plástico flotante.

Inciso: Más del 60% de las especies marinas ya tienen este material en sus estómagos, pues confunden las bolsas y otros elementos hechos de plástico, con comida. Por ejemplo, es típico que las tortugas marinas, la mayoría catalogadas como amenazadas, se ahoguen al comerse las bolsas que confunden con medusas, unas de sus principales presas. Incluso en el plancton, compuesto por organismos microscópicos, ya hay animalitos que se comen las micropartículas de plástico que hay en el agua. Dato curioso triste: si seguimos a este ritmo, se pronostica que para el 2050 va a haber más plástico que peces en el océano.

Todas estas, entre algunas más, son razones de mucho peso que ya han convencido a varios países y ciudades del mundo a regular, o incluso prohibir, el uso de bolsas de plástico en tiendas, supermercados y farmacias, entre otros (ejemplos: San Francisco, Sudáfrica, Francia, España). Afortunadamente Colombia no se queda atrás (mejor tarde que nunca y esto ya es un comienzo) y el pasado 29 de abril se hizo pública la resolución 668 del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible mediante la cual “se reglamenta el uso racional de bolsas plásticas y se adoptan otras disposiciones”. O sea, en cristiano, esta resolución lo que hace es obligar a las tiendas de cadena, supermercados y farmacias (estas últimas, que tengan dos o más sucursales) a que, a partir del 31 de diciembre de este año, retiren de circulación las bolsas que midan menos de 30x30 cm, pongan información sobre el uso responsable, el calibre y el peso que aguanten, en aquellas bolsas que sí se sigan ofreciendo y, además, proporcionen alternativas a sus consumidores para el transporte de sus productos.

Aunque todavía faltan unos mesecitos para esta festiva medida, “¡qué-li-hace!” ¡Vengan adelantemos el 31! Empecemos a usar bolsas de tela cuando vayamos a mercar (hay algunas personas y emprendimientos que las hacen muy bonitas - yo les puedo pasar los datos y también les puedo mostrar las que yo uso (en mi blog hay una foto)), ¡o apoyemos a los fiqueros y usemos costales en vez de bolsas de plástico! Además, la próxima vez que nos vayan a empacar los chicles, los limones, los Dolex, los quesos, los cereales, las botellas de vino -y lo que se les ocurra que cabe en esta lista- en una bolsa de plástico, digamos todos al unísono “sin bolsa, por favor”... que (así) el mundo no se va a acabar y el fiestongo del 31 lo tendremos en un “plis plas”, como dicen en nuestra madre patria.

P.D: por ahí derecho también digamos “Mejor sin pitillo, gracias” (y aquí los dejo hasta la próxima nota).

 
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