Juan Carlos Franco Gaviria
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Uno hasta entiende que estas vías rurales no tengan doble calzada, hasta se resigna a aceptar que así se nos quedaron por muchos años más. Pero caramba, ¿que ni siquiera tengan retornos?

/ Juan Carlos Franco


Cortesía de la irónicamente bautizada autopista Medellín-Bogotá, a lo largo de este año nuevo la pobre vía Las Palmas y sus extensiones hacia el Oriente han tenido un flujo de tráfico que nadie imaginaba.

De un momento a otro esta pobre vía, agobiada y doliente, se vio obligada a recibir una cantidad enorme de camiones de todos los pesos y buses de todos los pueblos. Además de automóviles y motos por miles y miles. De poco sirvió haberla protegido durante tanto tiempo por medio de advertencias de “prohibida la circulación de tractomulas”.

Sea como sea, y esperando un regreso definitivo a la normalidad una vez resuelta la situación en la Med-Bog, lo que experimentamos durante estos días fue una especie de degustación, de preview de cómo serán la vía Las Palmas y sus conexiones dentro de pocos años, cuando haya muchos, muchísimos más carros y mucha, muchísima más gente subiendo y bajando todos los días entre El Poblado y Oriente.

Es decir, la congestión de El Poblado, la fila india continua de la avenida, las dificultades para girar a la izquierda, transferidas –muy a la brava, cabe decir– al Oriente Cercano antioqueño.

Sí, claro, desde hace ya 10 años tenemos doble calzada entre San Diego e Indiana, pero es sinuosa, caprichosa y peligrosa; basta ver la cantidad de accidentes por frenos inesperados durante Navidad y lo que va de 2017. Y esta es la parte buena, de ahí en adelante, tanto hacia el aeropuerto como hacia El Retiro, Rionegro y La Ceja, vía simple con pocas posibilidades de sobrepaso.

Y uno hasta entiende que estas vías rurales no tengan doble calzada, hasta se resigna a aceptar que así se nos quedaron por muchos años más. Pero caramba, ¿que ni siquiera tengan retornos?

¿Que cualquiera que intente hacer un giro a la izquierda para entrar a una de las tantas fincas, parcelaciones, veredas o colegios detenga todo el tráfico? O genere frenados repentinos, muchos de ellos causantes de accidentes múltiples?

En condiciones normales esto no podría aceptarse. Pero sucede que estamos ante vías concesionadas y, según el contrato, el concesionario es dueño y señor del trayecto concedido. Él verá si invierte o no.

Ahora bien, las condiciones han cambiado de manera radical desde que se firmaron los contratos con Devimed y la Concesión Túnel Aburrá Oriente, entre 1996 y 1997. El aumento de tráfico supera, duplica –tal vez triplica– cualquier proyección efectuada en un pasado tan remoto.

Y faltan todavía 5 años o más para que empiecen a vencerse las concesiones, durante los cuales es de esperar que el tráfico siga aumentando de manera muy dinámica.
Es preciso que la Gobernación, que tanto interés y algo de liderazgo ha mostrado por el desembotellamiento del Oriente cercano, estimule, presione u obligue a la Concesión Túnel Aburrá-Oriente a que construya retornos cada 3 Km, a lo sumo, en la variante Las Palmas-Aeropuerto.

Es preciso que la ANI, que por fin parece estar avanzando con seguridad en sus proyectos de cuarta generación, recuerde que tiene un contrato de primera generación con Devimed y lo estimule, presione u obligue a que construya retornos cada 3 Km, a lo sumo, entre Indiana y El Retiro y Rionegro, cuando menos.

Es preciso que los municipios por donde cruzan estas vías se unan, ojalá dentro de la tan esperada Área Metropolitana de Oriente, se pongan de acuerdo, exijan y al mismo tiempo faciliten –como deben hacer los buenos alcaldes–, y en poco tiempo podamos tener retornos decentes en estas vías.

De lo contrario, bienvenidos a las avenidas El Poblado de Oriente. Por falta de liderazgo y de visión, por estrechez y por cicatería en sus inversiones: fila india y colapso diario.
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