Francisco Luis Valderrama A.
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Entrega de la mayoría de la junta directiva, tercerización cada vez más acentuada. Precarización laboral del personal contratista. Deterioro grave del clima laboral y del servicio al cliente y sobre todo, una terrible cosificación de su valioso recurso humano: está ocurriendo tras la fusión TIGO UNE.
/ Francisco Luis Valderrama A.

El 50% más una acción de la fusión TIGO UNE es patrimonio público y pertenece a Empresas Públicas de Medellín. Al negocio aprobado mediante el acuerdo 17 de mayo de 2013 concurrieron UNE, que era de EPM, y TIGO, propiedad de MILLICOM, en un 50% y cuyo 25% era también de EPM.

En realidad no es apropiada la palabra fusión para referirse a la figura empresarial surgida de la aprobación impartida en el Concejo Municipal, toda vez que las empresas supuestamente fusionadas siguen existiendo en forma independiente.

Hoy, cuando los hechos perfilan una realidad advertida durante los debates respectivos, resulta necesario plantear algunas inquietudes.

Preocupan las declaraciones del presidente de TIGO UNE al diario El Colombiano, el 25 de septiembre, al abordar la situación de la empresa. Dice el señor Cataldo que su principal reto es navegar estos momentos tan difíciles. La actitud de ahora no se compadece con el supuesto brillante futuro que prometía el negocio hace apenas tres años. Entonces nos vendieron sueños y hoy, en un arrebato tardío de realismo, nos advierten las dificultades. Solo que ahora los riesgos en el tema de movilidad, que tanto preocupan al directivo, los asume EPM en un 50% en vez del 25% de ayer.

Dice el señor presidente que hoy son terceros en el mercado de telefonía móvil. Pírrico logro porque era el lugar que ocupaba TIGO antes de la fusión. Menciona también que capturaron el 27% en datos. Como bien lo precisa el señor Cataldo, hoy la TV y el internet se “juegan mediante datos” y la participación de UNE era del 28% en TV y 32% en internet en el 2012. ¿Para eso se hizo este negocio?

La fusión se soportó en sinergias por un billón de pesos y ahorros en inversiones y costos operativos por otro billón. ¿Realmente se generaron esos beneficios? ¿Quién los capitalizó?
Es necesario recordar que 1.4 billones transferidos al municipio de Medellín como resultado del negocio, estaban en realidad en UNE en forma de utilidades de ejercicio anteriores y fueron liberados en el 2014, previo a la fusión con MILLICOM SPAIN CABLE. Parte de esos recursos están enterrados en ese monumento al ego que es Parques del Río.

En el Concejo Municipal se dijo que la fusión generaría transferencias futuras al Municipio para sus programas sociales. Tal parece que se referían a un futuro muy lejano. Según información de agosto de 2016, en sus proyecciones financieras a 2026 el grupo EPM no contempla ingresos provenientes de su inversión en UNE.

La operación y administración de las empresas concurrentes está a cargo de MILLICOM, a cambio de una prima de 150 millones de dólares que fue la única suma desembolsada para hacerse al negocio. Pero EPM también entregó la mayoría de la junta directiva, excediendo las facultades otorgadas en el Concejo Municipal. Los responsables de entonces deberán responder a la ciudadanía por esta decisión.

Se han presentado otras deplorables realidades: tercerización cada vez más acentuada. Precarización laboral del personal contratista. Deterioro grave del clima laboral y del servicio al cliente por el despido masivo del personal aportado por UNE y sobre todo, una terrible cosificación de su valioso recurso humano.

En su momento se advirtió que tener el 50% más una acción en una empresa controlada por otro era enterrar el patrimonio colectivo y que ante eventuales dificultades financieras, serían sus activos el respaldo para responder por sus obligaciones. Nos preguntamos hoy, como lo hicimos entonces en el Concejo Municipal, qué pasaría si una gestión inadecuada destruyera valor en la empresa fusionada.

Las declaraciones del señor Cataldo parecen abonar el terreno para futuras decisiones lesivas para el patrimonio público. Tal vez sea bueno prepararnos para sorpresas en la materia.

Todavía actúan algunos de los concejales que intervinieron en la decisión, incluido el concejal Guerra. Valdría la pena que el cabildo retomara el control político que abandonó y se ocupara de contrastar la realidad de hoy con los supuestos que soportaron el negocio. ¡Porque los organismos de control siguen durmiendo su siesta burocrática!

UNE debería enseñarse en los libros de texto como ejemplo de lo que NO DEBE HACERSE con el patrimonio público, por el derroche, la ineptitud y la incompetencia de quienes la dirigieron antes de la fusión. Y “eso” que existe ahora, administrado por ese socio bárbaro escogido a dedo, no merece nombre distinto al que da título a esta impotente protesta.

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