Los vinos de Quintero
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Sus vinos tienen 50 años en el mercado colombiano, después de Estados Unidos y de Brasil, su tercera mata de negocios. Visitó por primera vez Medellín, compartió noticias desalentadoras, pero mostró saber y transparencia. Bienvenido siempre Carlos Cousiño
/ Juan Felipe Quintero

De un vino se puede decir de todo, que normalote, expresivo o memorable, que amable o robusto, que redondo o desequilibrado, pero dentro de ese universo la gran verdad la cuenta la viña. No habrá un buen descorche si en el origen no se tuvo una buena uva, por más trucos e insumos que se agreguen al proceso.

Esa máxima siempre se ha manejado en las viñas y es un reto que está atravesando la casa Cousiño Macul en el valle del Maipo, en Chile, por causa del cambio climático. No se rinden, tienen una trayectoria de 160 cosechas a cuestas, que les da conocimiento profundo, que además quieren seguir extendiendo en el tiempo, pero no está fácil. “No nos queremos engañar”, señala Carlos Cousiño, CEO de la compañía y sexta generación de la familia.

Lo que ocurrió este año no es problema exclusivo ni de los Cousiño, ni del Maipo, ni de Chile. En el caso de esta viña se expresó contra la uva Sauvignon Blanc por las temperaturas excesivas del verano. El impacto: la hoja pierde mucha agua por efectos de la evaporación y la fruta no produce la calidad esperada. El resultado: cayeron de 30 mil a 15 mil botellas, “con suerte”, dice Cousiño.

Pero también hay solución, por eso pesan el conocimiento acumulado y la relación con la naturaleza. Una solución que consiste en buscar otras zonas. Sus colegas se mudaron a la costa chilena y los Cousiño optaron por treparse a la cordillera y tomar rumbo más al sur, buscando frescura. “En el Maipo no podremos producir buen Sauvignon Blanc nunca más”, sentencia el CEO.

Tremendo. La Merlot pudo aguantar el impacto del cambio climático, pero la Sauvignon Blanc, esa que nos da vinos perfectos para acompañar ceviches o un buen carpaccio de res, se fundió. Cousiño lo asume, “su aromaticidad, su encanto en nariz, en esas temperaturas ya no los podremos lograr”, y también lo contrarresta: “Esta casa ha sido más de la Chardonnay, una uva que da vinos menos afrutados, pero de estructura muy rica, y que ha respondido mejor a las técnicas de irrigación contra las altas temperaturas”. Y está, además, la Syrah y su buena respuesta frente al clima cálido.

Como si no fuera suficiente, El Niño también hizo maldades en el campo y les llevó en abril tal cantidad de lluvias que derivó en la pérdida de un millón de kilos de uvas: “No las quisimos recoger, tenemos que cuidar la calidad”. El CEO explica que el agua en exceso debilita la piel de la uva, que se traduce en vinos de color pálido, y es caldo de cultivo para hongos. “Botamos la uva en la poda”. Desenlace: no habrá Lota ni Finis-Terrae de las cosecha 2016 y lo notaremos en el mercado entre los años 2019 y 2020.

“Los agricultores sabemos que no tenemos bajo control lo más importante de todo: la naturaleza”, dice Cousiño. Duro, pero con transparencia. Bien lo dice otra de las máximas en este gremio: para hacer un buen vino, se precisan cabeza, paciencia e inteligencia.
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