Los vinos de Quintero
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Enseñó el paladar de quienes se animaron a descorchar. Un paladar virgen para taninos, astringencias, acideces, redondeces, notas afrutadas y todo lo que expresa una copa, se habituó al modo chileno y ahí se sintió cómodo y satisfecho
/ Juan Felipe Quintero

Comienzo advirtiendo que esta no es publicidad vinífera pagada, también que el origen Argentina, con su Malbec y su Bonarda en tintos y su Torrontés en blancos, como España, Francia, Australia, Estados Unidos, Italia, me han dado momentos inolvidables. ¿Está claro? Vamos.

Lo quiero decir, ¡que viva Chile! Gracias a ese país, entre nosotros habituales del guaro y del ron, supimos que había vinos más allá de referencias lejanas. Hace 30 años no había ni internet ni degustaciones, como las que hay hoy, cuatro y cinco por semana en los mejores lugares, y por ellos y la gestión tenaz de importadores nacionales los antojados de la época pudieron pasar de solo leer e imaginar, o de depender de un viaje, o de un viajero bien querido, a descorchar.
Concha y Toro, San Pedro, Casillero del Diablo, Santa Rita, Oveja Negra, Gato Negro, fueron pioneros en un mercado pequeño, y habituado a otros sabores y expresiones.

Treinta años después, Chile sigue arriba. Pionero y líder. En Colombia compramos vinos, como la práctica mayoritaria, en supermercado. Y en esa categoría manda el Grupo Éxito. Conocí sus cifras y, en efecto, gana. Y goleando.

El 44,48% de las ventas de vinos es de botellas chilenas. Maule, Maipo, Casablanca, Rapel, con su Cachapoal y su Colchagua, Curicó, en todo su esplendor. Le sigue Argentina, con el 20,78%. Después Francia (8,7%), España (8,36%) y California (7,29%). ¿E Italia? El segundo país en exportaciones mundiales marca 2,44%.

Bienvenidos todos; en el vino, ojalá así fuera en todos los ángulos de la vida, no hay discriminación, pero Chile ha barrido y sigue arriba. ¿Razones? Varias. Fueron los primeros en llegar a Colombia y aprovecharon el tiempo para tomar ventaja en construcción de marca. También contribuyó el factor precio, que los hizo más provocativos en un mercado que, no está mal, comparó y lo sigue haciendo (“con 40 mil pesos me compro una botella de vino ¿Esos cuántos guaros serán?”).
Además, de traer y traer botellas, enseñó el paladar de quienes se animaron a descorchar. Un paladar especializado en otras bebidas y virgen para taninos, astringencias, acideces, redondeces, notas afrutadas y todo lo que expresa una copa, cuando le prestamos atención, se habituó al modo chileno y ahí se sintió cómodo y satisfecho.

Uruguay, Italia y Francia vienen creciendo duro, mientras Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica se esfumaron. Y Chile sigue ahí, líder: con Gato Negro como rey en ventas y detrás, en su orden, Santa Rita y Frontera, más los que me gustan a mí, ojalá si son Carmenere, –ustedes ya conocen la frase de los gustos y los disgustos-: Misiones de Rengo, Terrunyo, Montes, von Siebenthal, Loma Larga, De Martino, Marqués de Casa Concha, Santa Ema o los T.H. ¡Puf! Una lista extensa, por fortuna.
Gracias Chile. Salud.
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